Esta ciudad tiene la capacidad de sorprender en momentos inesperados, cuando uno cree que lo que viene es rutina. Aprovechando un día soleado y algo más cálido que los anteriores he ido hoy de paseo por
Midtown. Pensaba yo darme una vuelta por el
MoMA para volver a ver la exposición sobre la
Bauhaus que no pude deglutir convenientemente hace unos días.
Pero en el camino me he encontrado con esta escena:
una multitud de mujeres vestidas de negro y tapadas con el
hiyab, el velo
iraní y en frente de ellas, desfilando en procesión, nutridos grupos de hombres se golpean
rítmicamente el pecho y la cabeza mientras suenan por los altavoces rezos en persa, urdu y árabe. En medio del espectáculo, que tiene lugar en pleno
Park Avenue, se
yerguen dos altísimos pendones, uno negro con textos en
persa y la mano de
Fátima en lo alto y otro más alto todavía, espeluznante, blanco y
manchada su superficie de rojo en evidente alusión a la sangre derramada. La procesión de los
chiíes neoyorquinos avanza hacia el norte cada vez más frenética, y al llegar a la calle 65 algunos de los hombres empiezan a hacerse cortes en la cabeza y en la espalda, hasta quedar ensangrentados y sin parar de
golpearse ni de cantar.
Es la
Ashura, la
conmemoración de la muerte de
Huseín, el nieto de Mahoma. En medio del grupo, un sepulcro lleno de inscripciones simboliza el cuerpo del mártir.
Pregunto a un grupo de congregados qué significa la inscripción bajo la mano de F
átima que a duras penas alcanzo a leer y debe estar en persa. La respuesta no tiene desperdicio: "No lo sabemos. Eso lo sabe nuestro imán, nosotros, no".
Un primer pensamiento: hay que echarle valor para montar ese
numerito precisamente en Nueva York , con toda la parafernalia y repitiendo a coro frases de las que sólo se alcanza a entender: "
Huseeeein,
Huseeein".
Al primer pensamiento se le superpone enseguida otro:
efectivamente, hace falta un relativo valor, teniendo en cuenta que las miradas de los neoyorquinos que pasan son más de pasmo y de pavor que de agresividad y que un numeroso grupo de policías escolta a la comitiva. Esto sucede en una democracia, que tendrá sus imperfecciones, pero valor, valor, es el que habría que tener para sacar al Cristo en procesión por las calles de
Teherán.
Lamentablemente no llevaba la cámara conmigo. He encontrado estos vídeos del año pasado y he seleccionado los no sangrientos para no darle el día a nadie, pero el resto se puede ver en
Youtube.